El uso del entrenamiento en aceleración puede enfocarse (como cualquier sistema de entrenamiento) hacia la consecución de ciertos resultados y progresiones en el campo estético, deportivo, terapéutico o simplemente en la búsqueda de un buen estado de salud. Para ello debemos tener en cuenta que las adaptaciones nerviosas, tendinosas, musculares y metabólicas son análogas al ejercicio convencional pero con la diferencia de que en el caso del entrenamiento en vibración, el estímulo de ciertos mecanismos -sobre todo el sistema nervioso- es mucho mayor, por lo que debemos aceptar que las progresiones, tanto en los ejercicios como en las frecuencias, no pueden ser ignoradas, de igual forma que no deben ser ignoradas en el entrenamiento convencional.
Dicho esto, es importante apuntar que para que exista una adaptación debe provocarse un cierto estrés: estrés articular, estrés muscular, estrés nervioso, etc. pero atendiendo a estas progresiones de forma que no se genere más riesgo que beneficio. Cuánto entrenar, con qué intensidades o de qué forma, es algo que vendrá determinado por múltiples factores como la edad de nuestro cliente o paciente, estado físico general, antecedentes deportivos, involucración… y evidentemente por nuestra propia formación y la capacidad de “ver más allá” atendiendo a factores mucho más especializados como los factores alimenticios, hormonales, metabólicos, osteoarticulares y de activación muscular. Todo ello no es diferente a las pautas que deberíamos siempre tener en cuenta cuando entrenamos a un cliente y es lo que diferencia a unos profesionales de otros.
La progresión
Cualquier entrenamiento, de hecho cualquier movimiento, pone en juego diferentes estructuras y mecanismos que no pueden obviarse cuando hablamos de entrenamiento en aceleración. Si trabajamos “en superficie” estaríamos hablando de estructuras articulares que están soportando presiones, tensiones, estiramientos, fuerzas y palancas en diferentes ángulos, en dependencia del ejercicio y posición del cuerpo y evidentemente de la frecuencia y amplitud de la vibración. Es importante destacar que incluso un estiramiento genera fuerzas: una carga máxima en un ejercicio (un curl de bíceps, por ejemplo) puede generar una gran palanca y eso puede llegar a tener una gran exigencia a nivel tendo-ligamentoso, por lo que las cargas máximas deberían estar vedadas para clientes con poca preparación. De igual forma, un estiramiento máximo puede igualar esa demanda tendo-ligamentosa y entrañar por tanto un riesgo. La progresión debe tenerse en cuenta en cualquier ejercicio que involucre contracción muscular y también estiramiento. Por otra parte el ejercicio, el movimiento, genera también una demanda neurológica en forma de adaptaciones positivas pero a veces de reacciones de inhibición y protección, aunque harían falta muchos artículos para profundizar al respecto.
A grandes rasgos podríamos decir que desde el punto de vista articular y muscular -si bien aquí hay una interdependencia directa con el factor nutricional- un buen punto de partida sería comenzar a crear adaptaciones en base a la realización de ejercicios básicos en posiciones estáticas que no creen inicialmente grandes demandas de equilibrio y en posiciones ejecutadas de forma correcta para no “cristalizar” errores.
Como podemos observar en la figura 1, una posición básica de “semi-squat”, sería la apropiada para trabajar grupos musculares más grandes; esta posición, crea evidentemente una demanda muscular y nerviosa por la propia acción del reflejo miotático y una importante demanda a nivel tendinoso que debe ser regulada por factores como la propia flexión y la frecuencia utilizada. La progresión posterior sería (aparte de trabajar en la frecuencia y amplitud del movimiento) comenzar a trabajar en dinámico extendiendo y flexionando para posteriormente soltar las manos de la plataforma de manera que el cuerpo debería adaptarse a una nueva sensación de inestabilidad, ya existente en menor medida cuando estamos cogidos a la plataforma.
Esta progresión es también importante desde el punto de vista metabólico puesto que cualquier demanda energética y muscular creará un gasto calórico y una adaptación hormonal. No obstante, la verdadera adaptación provendrá en gran manera del sistema nervioso lo que no puede separarse del campo nutricional y hormonal, puesto que estamos hablando de sodio, potasio, fosfatos, proteínas, estímulo de receptores exteroceptivos, etc. La plataforma es muy útil en el trabajo de “lo que se ve”, pero es especialmente eficaz en trabajar “lo que no se ve”.
El “cómo” y el “cuánto”
“Cómo” entrenar, es fácil. Me atrevería a afirmar que entrenar en una plataforma, adaptarse al ejercicio y conseguir resultados es bastante más sencillo que con el ejercicio convencional puesto que se minimizan las posibles variables (frecuencia, intensidad, distancia, pulsaciones, cargas, ejercicios…). Cómo entrenar mejor, es decir, cómo entrenar “viendo más allá” es más complicado y exige evidentemente más conocimientos.
El “cuánto”, es otra historia y hace referencia a cuántas sesiones semanales, cuánta frecuencia, cuánto descanso, cuánto tiempo de vibración, etc. Esto nos devuelve a la adaptación del sistema nervioso: las fibras musculares han de ser estimuladas por vía nerviosa para que se produzca un movimiento. Sin esta estimulación es imposible potenciar la construcción o reconstrucción muscular y por tanto las adaptaciones hormonales y metabólicas no serán requeridas. Por tanto, tan negativo es un defecto como un exceso, puesto que cuando estamos por debajo del umbral de estímulo o cronaxia, las adaptaciones son sencillamente no necesarias, con lo cual no hay mejora (es el caso de los entrenamientos muy cortos o a frecuencias demasiado bajas). Cuando estamos por encima de este umbral o reobase, las adaptaciones tampoco se producen y nos encontramos ante un sobreentrenamiento que puede ser nervioso o muscular, siendo el primero mucho más frecuente (es el caso de series de duración superior a los dos minutos en frecuencias superiores a los 25 Hz). Esto es tan fácil como medir los perfiles hormonales. Todos los estudios parecen indicar que tanto el volumen excesivo de entrenamiento como las series más allá de los dos minutos (me refiero a personas no deportistas) disminuyen drásticamente sus niveles de testosterona y aumentan de manera rápida los de cortisol, encargado por ejemplo de la descomposición de los aminoácidos de las proteínas musculares para su oxidación y producción de energía y dando como síntomas principales insomnio, mal carácter, dolor de cabeza, etc.
Estos desarreglos aparecen más rápidamente cuando nos encontramos ante un déficit nutricional como es el caso de las dietas ausentes de hidratos de carbono y altas en proteína en donde aparece la presencia de altos niveles de triptofano; esta sustancia (un aminoácido) puede aparecer en el líquido encefalorraquídeo y provoca los síntomas antes descritos junto con un hecho importante: el exceso de triptofano aumenta los niveles de amoníaco
y cuerpos cetónicos. Cuando el músculo es incapaz de eliminar el exceso de amoníaco, un residuo proveniente de la descomposición de las proteínas, se genera sobreexcitación y por tanto falta de sueño, ansiedad, etc.
Es muy importante y necesaria la realización de un curso de formación para establecer el cómo y el cuánto, ya que es diferente si hablamos de rendimiento físico, estética o adelgazamiento.
Empecemos a divertirnos
Cuando hemos atendido a las progresiones necesarias, y manteniendo la pauta de nutrirnos y descansar convenientemente, es el momento de divertirnos y buscar juego con nuestra plataforma realizando ejercicios diversos. La base pasaría evidentemente por aumentar progresivamente las frecuencias (en función por supuesto del objetivo) y de ir provocando nuevos niveles de inestabilidad cuando el cuerpo ya se ha adaptado al ejercicio anterior. Generalmente, el ejercicio que sigue al ejemplo anterior sería el que vemos en la figura 2 y 3, en donde es una sola pierna la que soporta el peso y en donde la cabeza femoral, estructura rotuliana y tobillo deben mantener el equilibrio. Si nos imaginamos estos mismos ejercicios a nivel dinámico e incluso sin punto de apoyo en los brazos (esto sería una progresión de varias semanas), podemos hacernos una idea de la demanda propioceptiva y articular que estamos creando y, al final, un tendón ¿no se ha creado para soportar tensiones? Nuestro trabajo es precisamente determinar cuánta tensión, durante cuánto tiempo y en qué ángulos.
En el caso de deportistas habituales, la búsqueda de la involucración de estructuras musculares que en ocasiones quedan inhibidas precisamente por la falta de estímulos “ricos” como es el caso de deportistas que emplean patrones muy simples de movimiento o con escasa demanda en planos diferentes, pasaría por crear precisamente esa demanda. La postura en sí misma, ya representa una demanda mayor, no obstante el estímulo nervioso que genera el entrenamiento en plataforma vibratoria tanto a nivel global como específico (mecanoreceptores, receptores cutáneos, etc.) representa un plus de gran importancia para muchos deportistas, tal y como vemos en las secuencias 4 a 7.
Pero la mayoría de nuestros clientes, no pertenece al segmento de grandes deportistas. Eso no significa en cambio que no deseen obtener buenos resultados. Se trata generalmente de resultados concernientes a su aspecto físico, su sobrepeso y su línea. El concepto de entrenamiento en aceleración permite que cualquier persona consiga reaprender cuales son los mecanismos “gastadores” de su organismo sin necesidad de depender excesivamente del sistema articular; es en este campo donde la vibración tiene gran campo de aplicación: en el ámbito del tratamiento del sobrepeso y la obesidad.
En este sentido, los ejercicios simples serían los más efectivos, es decir, los que involucren grupos musculares más grandes que son capaces de aumentar el metabolismo basal, o sea, el aumento del gasto y del rango de necesidad calórica durante el ejercicio, durante la vida diaria y también mientras hacemos ejercicio.
Por otra parte, si lo que buscamos es estética (el 89% de las mujeres manifiestan apuntarse a un centro deportivo tomando como prioridad este aspecto por encima de la salud o la diversión), la plataforma puede darnos grandes ventajas en el tratamiento de la celulitis a merced de un trabajo muy localizado que permite tonificar el tejido subcutáneo y muscular, a la vez que mejora la tersura y aspecto de la piel gracias a la recapilarización, aumento del flujo sanguíneo y mejora en el transporte de oxígeno y nutrientes al tejido dérmico. La mayoría de los ejercicios ya consiguen de forma global este propósito, sin embargo los mejores resultados en el tratamiento de la piel se consiguen cuando realizamos los siguientes ejercicios:
Las razones son obvias: la celulitis, problema circulatorio y hormonal por excelencia, se agrupa principalmente en las zonas que aparecen en rojo en las ilustraciones. ¿La vibración la elimina?, evidentemente no, pero fragmenta los adipocitos, los separa, permite la recapilarización del tejido en el que el aporte de sangre es muy pobre con el consiguiente aumento del volumen de oxígeno (favoreciendo por tanto la combustión) y haciendo llegar por vía sanguínea también nuevos nutrientes. Son el resto de ejercicios habituales, junto con un programa de ejercicio cardiovascular y una adecuada alimentación lo que conseguirá eliminar paulatinamente la celulitis.