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Las lesiones deportivas más frecuentes

En las siguientes páginas se hablará de las seis lesiones deportivas más frecuentes. El ortopeda y corredor de medio fondo, el doctor Thomas Wessinghage, explicará cada una de ellas y nos ofrecerá consejos para prevenirlas y tratarlas.

Irritación de los tendones de Aquiles
El daño por sobrecarga del tendón mayor, que une los gemelos con el pie, resulta ser uno de los problemas más difíciles de resolver por la traumatología deportiva. Las causas de una posible irritación del tendón de Aquiles son tan diversas que sólo pueden ser mencionadas brevemente :
-Problemas de estática del pie (pies planos o cóncavos).
-Trastorno del eje de la pierna (piernas en curvatura).
-El acortamiento de los gemelos.
-Una diferencia en la longitud de las piernas.
-Razones traumáticas (torsiones, lesiones en deportes de equipo, etc.)
-Zapatillas deportivas inadecuadas (también se refiere a la talla).
Al principio, los tendones no reaccionan ante una carga errónea, sino más bien lo hace el tejido que los rodea. Se suelen producir hinchazones, inflamaciones y un calentamiento excesivo de la zona en particular. Más adelante les sigue la propia reacción del tendón, que se manifiesta abultado. Además, se experimentan dolores de presión y de carga. En el centro de la hinchazón se encuentra, frecuentemente, fibra muerta del tendón. Esto significa que la zona más gruesa del tendón es, a su vez, la más débil. En estos casos, una rotura causada por un movimiento brusco o repentino no puede ser desechada.
Tratamiento: La manera más segura, y que más sentido cobra, a la hora de tratar una irritación de los tendones de Aquiles es reconocer terapéuticamente la causa y eliminarla, aunque lamentablemente suele ser casi siempre una tarea difícil. Por ejemplo, si una plantilla en los zapatos le alivia al deportista A, no significa que la irritación de los tendones de Aquiles del deportista B reaccione igual de positivamente con esas mismas plantillas. Aparte de las numerosas medidas de reconocimiento de la causa de la irritación, la terapia se complica por el hecho de que, muy a menudo, hasta las medidas terapéuticas sintomáticas más sencillas como, por ejemplo, el uso de anti-inflamatorios, funcionan de forma exitosa. Para combatir la irritación de los tendones de Aquiles, son muy eficientes los estiramientos de los gemelos, las fricciones, los tratamientos de ultrasonido (a cargo de un fisioterapeuta) y los tratamientos con hierro. Sólo cuando estos tratamientos hayan resultado ineficientes, se puede considerar la posibilidad de tratar la irritación del tendón con inyecciones, ya que este método tiene efectos secundarios indeseables como, por ejemplo, la debilitación del tendón.
Experiencia personal: Siempre es mejor prevenir que curar. Es importante realizar un calentamiento suficiente, estiramientos regulares (y correctos) y combinar adecuadamente el ejercicio con la recuperación. Todo ello resulta la mejor prevención contra el daño que generan las sobrecargas.

Problemas de los discos intervertebrales
Hoy en día, los dolores de espalda forman parte de la vida diaria. Lamentablemente, también afectan a los deportistas. Entre las causas que provocan las molestias de la columna vertebral se encuentran, en primer lugar, las costumbres diarias de la vida moderna. La obligación de pasar muchas horas al día sentado debilita el corsé muscular.
La columna vertebral del hombre se compone de 24 vértebras y el hueso sacro, que forma un hueso compacto. Los espacios entre las vértebras son ocupados por los discos vertebrales que, por un lado, garantizan la movilidad y el sostén elástico y, por otro, la amortiguación y la descarga de presión entre los segmentos de la columna vertebral. En el transcurso de la vida de cada persona, la degeneración progresiva hace su aparición, con lo que la columna vertebral y los discos intervertebrales no son ninguna excepción. La mayoría de las hernias intervertebrales se deben a esta ley natural. En el caso de una continua sobrecarga, los discos intervertebrales se vuelven quebradizos y pueden romperse. En muchos casos, esto ocurre incluso sin ser percibido. Ahora bien, empieza a ser una amenaza -y perceptible para la persona afectada- cuando el tejido que sale del anillo vertebral entra en el canal vertebral y magulla las fibras nerviosas.
Tratamiento: Según la localización y el tipo de síntomas, el médico puede deducir la posición exacta de la hernia vertebral dentro del canal vertebral. Las hernias vertebrales suelen aparecer tanto en la vértebra cervical como en la lumbar. El disco más afectado se encuentra entre la quinta vértebra cervical y la primera del hueso sacro. En el caso de una hernia en la región de la vértebra cervical, los síntomas aparecen en los brazos y en las manos; mientras que, en una hernia en la región de la vértebra lumbar, se notan las molestias en las piernas y en los pies. Los métodos modernos de revisión (como las resonancias magnéticas) confirman definitivamente la posición y la gravedad del daño. En los casos evidentes de una debilitación o incluso de una paraplejía muscular -y sólo entonces- se recomienda la intervención quirúrgica, ya que ésta puede eliminar el peligro de un deterioro persistente. Si es el caso, hay que actuar (es decir, operar) de inmediato. Para minimizar el riesgo de daños permanentes, la fibra que ha salido del disco intervertebral habrá de ser extraída. En el caso de perturbaciones menos graves, sobre todo en casos crónicos, a pesar de la microcirugía moderna, se sigue evitando riesgos de operación innecesarios, puesto que no son pocos en el caso de una operación de los discos intervertebrales. Además no se eliminan las causas -presentes durante años- que han llevado al desgaste del disco intervertebral. Por lo tanto, la operación se presenta sólo como un remedio de las consecuencias, pero nunca equivale a una terapia de la enfermedad.
Tratamiento: La actividad física crea las condiciones idóneas para la carga funcional necesaria de la espalda en la vida cotidiana y, por lo tanto, se erige como la única terapia contra los problemas de espalda. La fuerza y la flexibilidad de la musculatura del torso resultan de especial importancia. Según el orden cronológico, suelen ser los dolores musculares los que primero anuncian un desequilibrio de carga y de la capacidad de carga de la espalda. La musculatura debilitada se sobrecarga y se endurece. A la vez, aparecen irritaciones en los puntos de partida de la musculatura y de los tendones.
El movimiento es la mejor medida para afrontar y prevenir estos problemas. Pero, ¿qué tipo de movimiento? En ciertas clases especiales dedicadas a combatir los problemas de espalda, es posible aprender a cuidar correctamente el propio cuerpo, sobre todo la zona del torso. Concretamente, se habla de ejercicios de coordinación que ayudan a reconocer los errores que cometemos al cargar la espalda y a saber cómo evitarlos. Necesitamos, por lo tanto, una protección permanente que no necesita ser aplicada conscientemente. Como hemos mencionado anteriormente, la musculatura del torso funciona como un corsé y es capaz de apoyar y proteger la espalda. Esto resulta aún más importante, si tenemos en cuenta que las personas alcanzan, con mayor frecuencia, estaturas más altas, pero, al mismo tiempo, van perdiendo fuerza muscular.
La respuesta a la pregunta de si una persona operada de los discos vertebrales puede volver a hacer deporte, es clara: ¡tiene que volver a hacer deporte! En todo caso, es imprescindible hacer una terapia de rehabilitación para aumentar la musculatura del torso, antes de comenzar con cualquier otro deporte (como volver a correr una maratón). Por ejemplo, correr no supone ningún riesgo para la espalda, más bien al contrario. Pero para poder correr sin molestias es imprescindible disponer de suficiente fuerza en la musculatura del torso y de la pelvis para apoyar la espalda y estabilizarla durante el ejercicio.

Distorsiones (torceduras)
El tobillo superior es una articulación con la que se realizan los movimientos verticales del pie. El movimiento se estabiliza gracias a un conjunto de ligamentos situados debajo del nudillo interior y exterior del pie. La distorsión del tobillo superior es una de las lesiones más frecuentes en los deportistas -el pie se tuerce hacia el exterior-. En algunos casos puede ser amortiguado por el conjunto de ligamentos al exterior del tobillo. Sin embargo, si la fuerza es demasiado vehemente, suele producirse una sobredistensión o incluso una rotura de los ligamentos.
Tratamiento: Una lesión de este tipo no es ninguna cosa menor, aunque desaparezca la hinchazón y el afectado pueda andar e incluso correr, después de tan sólo unos días. El peligro está en la inestabilidad del tobillo a largo plazo. En ciertas ocasiones, las consecuencias son tan desagradables como la aparición de artrosis. En el momento agudo del acontecimiento, se recomienda la regla PHCP, es decir, pausa (P), hielo (H), compresión –un vendaje- (C) y poner el pie en alto (P). Si apareciese un hematoma, se recomienda descartar la fractura mediante la realización de una radiografía. Si el hueso no ha resultado afectado, seguramente se tratará de una rotura de los ligamentos. En este caso, el organismo necesita aproximadamente unas seis semanas para que la herida se cure totalmente. Durante esta fase, no se debe mover el tobillo superior del pie afectado, pero sí el resto de la pierna. Por lo tanto, no se recomienda un vendaje de yeso. El tobillo superior ha de quedar completamente inmovilizado, ya que el más mínimo movimiento tiraría del conjunto de ligamentos afectados y evitaría la formación de una cicatriz sólida y resistente. Hoy en día, las operaciones a causa de esta lesión suelen ser muy excepcionales y no presentan ninguna ventaja, sobre todo con respecto a la duración de la convalecencia.

Lesiones de menisco
Los meniscos son dos discretas, pero significativas formaciones en la rodilla. El menisco interior es mayor y menos flexible y el exterior (lateral) es cóncavo, menor y más flexible. Su consistencia equivale a la de una goma de borrar con una superficie lisa. Su estructura basada en un fino tejido no se percibe fácilmente. La función de los meniscos se explica por la forma de la rodilla: el femur se mueve prácticamente en todas las direcciones y lo hace sobre una base lisa. La dirección principal de movimiento de la rodilla es la flexión y la extensión de la misma. Cuando movemos la rodilla, el femur interacciona con la tibia de manera muy complicada en una combinación de rodaje y deslizamiento.
Durante el transcurso de la vida, la rodilla se sobrecarga casi continuamente y los meniscos envejecen. Pierden su elasticidad, se vuelven porosos y más susceptibles ante posibles lesiones. Esto hace que, en el caso de las personas mayores, baste con una leve distorsión, un traspié o una pequeña torsión de la rodilla, para que los meniscos se rompan. En el 95% de los casos, el menisco interior es el que resulta afectado. Unas piernas deformes y la inestabilidad de los ligamentos laterales o cruzados, originados por la permanente sobrecarga, pueden contribuir al envejecimiento precoz de los meniscos.
Tratamiento: Antiguamente, se eliminaban los meniscos afectados. Esta solución, a corto plazo, paraliza el dolor, pero, a largo plazo, conlleva numerosas desventajas para el paciente. Hoy en día, no se suele operar inmediatamente, sino que se realizan artroscopias en las que se elimina la menor parte posible de tejido del menisco. En determinados casos, hasta es posible coser el menisco, sobre todo si el paciente es joven y la rotura se sitúa cerca de la cápsula de la articulación. La sustitución de los meniscos rotos por material de plástico artificial aún no ha obtenido resultados muy satisfactorios.

Rotura de los tendones
El tejido de los tendones se compone mayoritariamente de fibra colágena. Una red de fibra elástica se encarga de que, cuando el músculo se tensa, el movimiento de tirar se realiza suavemente y de manera progresiva. Unas sondas de medición controlan la tensión del tendón y la transmiten a la “central” (la médula espinal, el cerebelo, la corteza cerebral). Allí se interrumpe la acción del músculo en cuestión o se activa el músculo contrario para evitar una extensión-contracción excesiva del músculo. Un tendón completamente sano tiene una resistencia enorme y se rompe sólo después de la influencia de fuerzas violentas exteriores, como son las causadas por un accidente. Si la rotura del tendón es originada por un simple movimiento brusco, es de suponer que el tendón ya estaba gastado por alguna razón. Las causas son muy diversas:
-Una carga monótona y excesiva, causada, por ejemplo, por la práctica de muchos deportes.
-Un equilibrio muscular anómalo que provoca una carga adicional de la musculatura y/o los tendones.
-Una recuperación deficitaria.
-Fallos de estabilidad, como las diferencias en la longitud de las piernas o las deformaciones en el arco de los pies.
-Malas condiciones del suelo.
-Y, cómo no, tratamientos equivocados, como por ejemplo, un uso continuado de inyecciones de corticoides.
Tratamiento: Las roturas de los tendones requieren, lo antes posible, de una operación, porque el músculo afectado encoge como una cinta de goma y, a veces, después de sólo unos pocos días, ya resulta imposible volver a extenderlo a su longitud natural. Esto ocurre, principalmente, si se trata de un músculo muy grande como el gemelo, en el caso de la ruptura del tendón de Aquiles, o el cuádriceps, en el caso de la ruptura del tendón de la rodilla. Lo que se lleva a cabo es una costura del tendón, bien con un refuerzo de tejido propio del cuerpo o de material ajeno. Un caso extraordinario es la rotura del tendón directamente en su origen óseo. Aquí se requiere una fijación del tendón al hueso mediante perforaciones del mismo.
Prevención: Las medidas de prevención derivan directamente de los factores de riesgo mencionados arriba:
-Practicar deporte de manera equilibrada y diversificada.
-Ejercicios de pesa adicionales.
-Estiramientos regulares.
-Una suficiente recuperación de la musculatura.
-La compensación de problemas de estabilidad.
-Material deportivo de calidad.
-Tratamientos responsables en el caso de lesiones.

Distensiones y otras lesiones agudas
En ciertos deportes como el fútbol, el balonmano y el hockey sobre hielo se presentan muchos casos de lesiones agudas. Mayoritariamente, se trata de dolencias ignoradas o no percibidas por el jugador durante el transcurso del partido. Las lesiones que, a primera vista, parecen inocentes conllevan, a menudo, consecuencias graves para el aparato locomotor. Una sobrecarga permanente, por ejemplo, de los ligamentos del tobillo (como la de torcerse el pie con frecuencia) conlleva el debilitamiento de los mismos. Los golpes repetidos en las articulaciones dañan el tejido cartilaginoso y pueden causar artrosis. 
Tratamiento: Por lo tanto, es recomendable tomar en serio incluso las lesiones más pequeñas que producen hinchazones, enrojecimientos y dolores locales. La conducta correcta, inmediatamente después de sufrir una lesión, es fácil. Sólo hay que recordar la regla PHCP, que hemos explicado anteriormente. El diagnóstico y el tratamiento han de ser prescritos por un especialista. Después de una distensión, se recomienda descansar un mínimo de 4-6 semanas. La duración de la curación natural, incluso hoy en día, no puede ser acelerada de forma artificial. Sin embargo, es posible evitar una curación con retraso. ¿Cómo? Pues actuando de manera adecuada inmediatamente después de sufrir la lesión, enfriando la zona durante 24 hasta 48 horas, relajando la musculatura adyacente (no haga masajes en la zona de la lesión) y efectuando estiramientos muy prudentes (empezando, como muy pronto, 72 horas después de sufrir la lesión). Los deportes de compensación, como montar en bicicleta y el uso suave de pesas, posibilitan un entrenamiento, en el caso de que aún se perciba algún dolor. Pero no olvide: ¡todo lo que duele está prohibido!