Las instituciones médicas y sociales del mundo occidental están prestando cada vez más atención a la salud y el bienestar de nuestros mayores y al efecto que el envejecimiento de la población tendrá para las sociedades del futuro. Tanto Europa como Estados Unidos se enfrentan a importantes retos derivados de los cambios producidos en la pirámide de población y encaminados a transformar sus estructuras demográficas en los próximos 20 años. De hecho, el segmento de población que más crecimiento experimenta es el de las personas situadas por encima de los 80 años y, para el año 2050, una décima parte de la población mundial estará por encima de los 65 años (United Nations World Population Prospect, 2003). De un tiempo a esta parte, se está despertando un considerable interés por los efectos psíquicos y físicos que la práctica del ejercicio produce en la llamada “tercera edad”. En este artículo se presenta un estudio que trata de desvelar si los beneficios que el ejercicio ha demostrado tener sobre grupos de población jóvenes, a los que ha reportado mejoras en la salud física y mental, se hacen extensibles a los mayores.
Actividad física y bienestar psíquico
Un gran número de estudios sugiere que, en cualquier grupo de población, la actividad física puede influir en numerosas variables psicológicas. La investigación apoya el papel de la actividad física a la hora de reducir los estados de depresión y ansiedad en poblaciones con trastornos clínicos y subclínicos y en mejorar los estados de ánimo y el tono hedónico. También demuestran que ciertos periodos aislados de actividad física pueden reducir la reactividad asociada a elementos de estrés psicosocial, proceso con siderado desencadenante de enfermedades cardiovasculares, muy comunes en poblaciones de edad avanzada. Los informes publicados en los últimos años han empezado a concentrarse en la actividad física y el ejercicio de los mayores. La mayoría de estos estudios han evaluado las respuestas psicológicas al ejercicio aeróbico, en tanto que otros se han centrado en los efectos del entrenamiento de fuerza. Existe menos información sobre los efectos psicológicos del entrenamiento muscular, aplicado particularmente al segmento de población de más edad, aunque se sabe, a ciencia cierta, que mantener la fuerza muscular en los individuos de edad avanzada es especialmente importante para conservar la movilidad. Asimismo, existen evidencias de que los mayores pueden disfrutar de muchas de las ventajas musculares de los adultos y que esto puede desempeñar un papel fundamental a la hora de mantener su capacidad funcional. También es de gran importancia llegar a comprender los efectos psicológicos que el ejercicio muscular produce entre la tercera edad y los mecanismos que intervienen en el proceso.
Propósito del estudio
El principal propósito del estudio sobre el que se informa en este artículo, consiste en evaluar el efecto que ha tenido un programa de entrenamiento muscular de intensidad media, llevado a cabo durante 12 semanas en un grupo de personas de edad superior a 65 años, sobre su disposición a la ansiedad, la afectividad positiva y negativa y el perfil del estado de ánimo.
Material y métodos
Un grupo de 20 personas activas de ambos sexos, con edades comprendidas entre los 65 y los 80 años, siguieron un programa de entrenamiento muscular de 12 semanas que consistía en tres sesiones de actividad física semanales, cada una de ellas formada por tres series de entre 10 y 15 repeticiones al 80% del 5RM (máximo peso que puede levantarse 5 veces seguidas, antes de que el individuo falle). Los participantes se dividieron en dos grupos, uno para iniciar el entrenamiento de inmediato y otro grupo de control en lista de espera que entrenó después del primero, siguiendo el mismo régimen de ejercicios.
Para este estudio, se eligieron tres perfiles psicológicos diferentes con el fin de analizar desde las emociones específicas (como la ansiedad) hasta aspectos más generales de los estados de ánimo y la afectividad. Se utilizó el Inventario de Ansiedad Estado-Rasgo (STAI), el Perfil de los Estados de Ánimo (POMS) y la Escala de Afectividad Positiva y Negativa (PANAS) para medir respectivamente una emoción, representada por la ansiedad (STAI), una serie de estados de ánimo (POMS) y dos dimensiones distintas de la afectividad (PANAS).
Se midieron la ansiedad, la afectividad positiva y negativa y los perfiles del estado de ánimo en ambos grupos en las semanas 0 y 12, después de 12 semanas de entrenamiento o 12 semanas en lista de espera. Las mediciones de la afectividad positiva y negativa se efectuaron cada dos semanas durante la fase de entrenamiento muscular del estudio en ambos grupos.
Resultados
a) Datos sobre la ansiedad (STAI A-Rasgo): Se examinaron las diferencias de nivel de ansiedad entre las 12 semanas de ejercicio muscular y las 12 semanas en lista de espera. Se efectuó un análisis 2 x 2 (grupo por periodo) de la variación con un diseño mixto (intragrupo e intergrupos) para comparar los datos de la intervención anterior y posterior al ejercicio (en el grupo A) y anterior y posterior a la lista de espera (grupo B). Los resultados de este análisis revelaron un efecto en el tiempo significativo, que indicaba un descenso general de la ansiedad en ambos grupos en el periodo comprendido entre las fases anterior y posterior a la prueba. No obstante, el efecto principal en los grupos no llegó a ser relevante, al igual que la interacción entre periodos y grupos. Por tanto, aunque se observó una disminución del nivel de ansiedad durante las 12 primeras semanas del estudio, esta disminución fue evidente para ambos grupos, el que había iniciado el entrenamiento y el incluido en la lista de espera.
b) Datos positivos y negativos en la afectividad (PANAS): Con el objetivo de evaluar las diferencias entre ambos grupos en cuanto a los cambios positivos y negativos producidos en la afectividad tras 12 semanas de ejercicio o 12 semanas de espera, se realizaron dos análisis de variación distinta (2 x 2 - grupo x tiempo) sobre los datos de la evaluación PANAS.
Con respecto al efecto tiempo, los resultados indican una ausencia de cambios positivos significativos en la afectividad entre los periodos previo y posterior a la prueba, así como la ausencia de diferencias relevantes entre los grupos.
Tampoco el término de interacción llegó a ser relevante entre tiempo y grupo. En cambio, los resultados del análisis de los datos negativos en la afectividad aportan que existe un efecto principal de tiempo que revela una importante disminución de la afectividad negativa en ambos grupos entre el periodo situado antes y después de las pruebas. No hubo evidencia de efectos principales en el caso de los grupos, así como tampoco fue significativa la interacción tiempo por grupo. No obstante, cuando se analizaron por separado los promedios previos y posteriores a la prueba con una prueba tomada por muestras de datos emparejadas, la afectividad negativa mostró un descenso significativo en el grupo de intervención inmediata, donde se redujo del 13,8 a 11,4%.
Las desviaciones estándar de los resultados tras 12 semanas de ejercicio disminuyeron considerablemente en el grupo de intervención inmediata, lo que señala un índice de variabilidad muy bajo que apunta a una baja especificidad de los datos.
Datos del perfil de los estados de ánimo (POMS): Los participantes del grupo A incrementaron ligeramente su puntuación de vigor-actividad, en tanto que los del grupo B redujeron su puntuación en esta subescala. Para estudiar los términos de la interacción, en mayor medida, se realizaron una serie de pruebas, que corroboraron que, en el grupo de la lista de espera, hubo un descenso considerable en vigor-actividad tras 12 semanas de permanencia en dicha lista. Las pruebas sobre los resultados anteriores y posteriores al tratamiento en el grupo de intervención inmediata reflejaron un ligero incremento de vigor-actividad, si bien no llegaron a ser estadísticamente significativas.
Conclusiones
El programa dio como resultado un incremento estadísticamente significativo en la capacidad de levantamiento de peso en los 8 ejercicios (entre el 13,7 y el 62,2%) en ambos grupos, tras 12 semanas de ejercicio muscular. Los datos de ansiedad registraron un descenso en ambos grupos, aunque la diferencia entre grupos no fue significativa y el entrenamiento con pesas en sí no pareció tener ningún efecto sobre esta variable. Cuando se analizaron los perfiles de los estados de ánimo de los participantes durante las 12 primeras semanas del estudio, la subescala vigor-actividad del POMS descendió significativamente en el grupo de control de la lista de espera, mientras que aumentó en el grupo de intervención inmediata, aunque no de forma estadísticamente significativa. La afectividad negativa disminuyó significativamente en el grupo de intervención inmediata, tras las 12 semanas de entrenamiento. Los cambios moderados en el perfil psicológico se deben probablemente a la naturaleza de los participantes en el estudio: el grupo comprendía sólo personas mayores sanas y físicamente activas con una actitud positiva hacia el ejercicio físico que, en una evaluación básica, revelaron tener perfiles psicológicos muy positivos en comparación con la norma general. Por tanto, los resultados del estudio muestran que, en individuos de edad avanzada, el entrenamiento muscular puede generar cambios positivos en la función psicológica, además de mejorar la fuerza muscular, un efecto particularmente importante para mantener la movilidad y la independencia en la tercera edad.