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Diabetes y ejercicio: una alianza favorable

Muchas personas saben que los tres pilares fundamentales para tener una buena calidad de vida, cuando se es diabético, son: medicamentos,  dieta y  ejercicio. Pero el tema no termina ahí, sino que comienza. ¿Qué medicamento, qué tipo de ejercicio y qué alimento? ¿Con qué frecuencia y cuántas dosis?

Si contestamos a todos estos interrogantes podremos organizar, balancear y disfrutar de una calidad de vida que, muchas veces, por desconocimiento no se hace. Primero debemos educar a la persona diabética para que pueda disfrutar de un programa de ejercicio seguro, ya que esto es tan importante como el ejercicio mismo. No hay medicamentos, ni dietas, ni aparatos mágicos que sustituyan el esfuerzo del propio cuerpo o la voluntad humana.

Los profesionales de la salud, la medicina y el fitness aconsejan que hay que realizar ejercicio. Pero, entonces, ¿cuál es el tipo de ejercicio?, ¿con qué intensidad debemos realizarlo?, ¿cuál es la frecuencia semanal y la duración recomendada? Para eso, debemos establecer un protocolo de ejercicios que nos beneficie y nos brinde salud.

Es recomendable difundir que el ejercicio realizado con un objetivo que apunte a la salud no debe ser extenuante. No tenemos que sentir molestias o dolores, pero sí­ un esfuerzo que estimule a nuestros órganos, articulaciones, huesos y que provoque un bienestar tanto físico como psíquico. Y como profesional de la educación fí­sica, tengo la obligación de decirles que para obtener resultados debemos ser constantes y realizar una rutina con disciplina.

 

¿Qué es la diabetes?

La diabetes es una situación crónica que se desencadena cuando el páncreas no produce suficiente insulina o cuando el organismo no puede utilizar la insulina producida de modo eficaz. Como consecuencia, el organismo no puede obtener la energí­a que necesita a partir de los alimentos.

La insulina es una hormona que se produce en el páncreas, ayuda a las células del cuerpo a absorber la glucosa que contienen los alimentos. Sin insulina, la glucosa se queda en la sangre en vez de ir a las células, acumulándose por encima de los lí­mites normales (hiperglucemia).

Cuando la cantidad de glucosa en sangre es muy alta, una parte pasa a la orina (glucosuria). Junto con estas dos manifestaciones (hiperglucemia y glucosuria), la diabetes presenta sí­ntomas como sed intensa, orina frecuente, cansancio y pérdida de peso.

Hay dos formas de diabetes: la tipo 1 (que requiere insulina para sobrevivir) y la tipo 2 (que puede requerir insulina para controlar el metabolismo). La diabetes tipo 1 es más común en niños y adolescentes y representa entre un 10 y un 15% de toda la diabetes. Las personas con diabetes tipo 2 producen insulina, pero el organismo es incapaz de utilizarla eficazmente.

 

¿Qué es un ejercicio aeróbico?

Se trata de un ejercicio en el que se utilizan grandes grupos musculares, como por ejemplo las piernas, y que se mantiene por más de 20 minutos. Nos referimos a actividades como caminar, trotar, pedalear, etc., las cuales estimulan el metabolismo.

Uno de los puntos importantes para controlar la intensidad del ejercicio es tomar la frecuencia cardiaca. La intensidad del ejercicio dependerá de la manera en cómo el organismo de un diabético reaccione, debido a que en este tipo de patologías la insulina puede no ser producida en la cantidad necesaria o no utilizarse adecuadamente. Por eso, en ambos casos debemos adecuar el ejercicio de tal forma que la insuficiencia o desajuste metabólico de la insulina no sea causa de descompensaciones (por ejemplo, una hipoglucemia).

¿Cómo logramos esto? Una de las sugerencias saludables es un trabajo sub-aeróbico (50-65% de la frecuencia cardiaca máxima), o sea que el estímulo del corazón no llegue a valores que el organismo necesite un metabolismo rápido de los hidratos de carbono.

 

Pasos para comenzar a programar cambios saludables

Sugerimos los siguientes:

-La educación del diabético y su familia es la base para obtener buenos resultados. Sin convertirse en experto, un diabético tiene que conocer su cuerpo y su funcionamiento. Debe saber que la diabetes es una enfermedad controlable mediante una correcta alimentación, un programa de ejercicios y la dosis adecuada de medicamento. De esa manera, es posible llevar una vida saludable.

-Un programa de ejercicio que apunte a cuidar nuestro cuerpo y mente debe respetar no sólo los cambios a nivel físico, producto del entrenamiento, sino también las percepciones o sensaciones que tenemos de nosotros mismos en el momento de realizar la rutina de ejercicios.

-Mucho se habla del cambio de actitud. Pero ese cambio no viene por arte de magia. Debemos comenzar ya a cuidar y atender nuestro cuerpo como lo que es: único y perfecto. Elegir lo que se nos hace más fácil, lo que para algunos será mejorar la calidad de la alimentación y, para otros, será empezar con un entrenamiento fí­sico.

-Lo importante es la acción en sí­, el ejercicio propiamente dicho, más allá de su nombre (yoga, caminar, Pilates, gimnasia localizada, Tae bo, aeróbica, etc.). No hay que olvidar que todo es en base a nuestro cuerpo, una máquina cuyas partes están en perfecta armonía y dependencia. Entonces, más allá de elegir la actividad, es importante establecer la frecuencia, la intensidad y el tiempo.

-Los profesionales de la medicina y de la educación fí­sica debemos romper con ciertos mitos, como, por ejemplo, que el niño diabético no puede realizar actividad física. El diabético puede y debe realizar actividad fí­sica. Nosotros debemos brindarle las herramientas y los conocimientos necesarios. Eso sí, la acción, la puesta en marcha, dependerá de cada uno, del esfuerzo y la constancia. Nada se consigue sin sacrificio.

-Cuando hablamos de adquirir conductas saludables o modificar algunas no tan saludables, nos referimos a cosas sencillas de la vida diaria. Por ejemplo, levantarnos a la mañana y desperezarnos es una conducta natural de acomodamiento del cuerpo. Otra puede ser realizar pequeños movimientos de concienciación de la postura y, si es posible, de estiramiento después de estar muchas horas frente a la computadora. Son conductas que deben irse incorporando, poco a poco, hasta que un día se vuelven parte de nuestra rutina diaria.

-El esqueleto necesita de la fuerza muscular para mantener una postura correcta y moverse. Si no la entrenamos, ésta se pierde y, a partir de los 30 años, disminuye un 10% anualmente. Entonces, si recomendamos caminar a un diabético, ejercicio fundamental para movilizar la insulina y mantener un peso adecuado, debemos programarle también ejercicios de fuerza, ya que sin entrenamiento muscular no podremos, por ejemplo, caminar con total facilidad.