Interiorismo en los vestuarios

Hotel Sant Roc (Lleida)

El detalle marca la diferencia

(Texto: Freixanet-Saunasport, SL)

Son muchos los clientes a los que les resulta desagradable asearse en los vestuarios del gimnasio después de entrenar. Dando por supuesto que las condiciones higiénicas son inmejorables, estos espacios suelen resultar a menudo inhóspitos por múltiples motivos: desde una iluminación o ambiente desagradable hasta falta de espacio, mobiliario incómodo o situación de deterioro. Disponer de unos vestuarios-aseos no es únicamente una obligación legal por el carácter público de las empresas de fitness; dada la actividad que se realiza se trata de un servicio imprescindible. Muchos gerentes y directores de estos centros no le prestan la consideración debida dado que no es el motivo por el que la gente acude al gimnasio; hacer ejercicio, y por ello no reparan en que es la única zona con mayores probabilidades de uso por todos -y esta palabra debería dar idea de la importancia-, todos los clientes. Incluso el socio que más actividades o variedad de entrenamientos realiza puede que nunca llegue a entrar en determinadas estancias. Sin embargo, el 100% llegará a hacer uso de la zona de aseos y vestuarios. Y no se trata sólo de un factor de cantidad; es en estas zonas, donde los usuarios valoran más un servicio de calidad. La comodidad, higiene, amplitud y otros factores que determinan un entorno agradable en este área, tocan especialmente la fibra sensible de los clientes; que lo haga positivamente supone un logro más en su satisfacción y por tanto en su fidelización. Y no es tan difícil. Las posibilidades para conseguirlo son infinitas; el abanico de oferta es tan amplio que los resultados que se pueden obtener pueden ser tan sorprendentes en las instalaciones con más posibilidades como en las más limitadas. Se trata de optimizar el espacio haciéndolo atractivo y cómodo, acorde al resto del centro.

Aprovechamiento estructural
El espacio no siempre es el que es. Muchas veces es menos, y otras, sorprendentemente, da mucho más de sí. A buen entendedor sobra explicar que depende del aprovechamiento que se haga del espacio. A la hora de encargar este tipo de proyectos, un buen profesional no sólo contemplará la mejor distribución del espacio, sino que se preocupará de que ésta sea lógica y funcional, sabiendo sacar partido de cualquier elemento (esquinas y recodos, luz natural…). Un buen “continente” es determinante para ofrecer unos buenos vestuarios, sino que muchas veces resuelve dificultades que pueda plantear el “contenido”. Pero esta complementariedad ha de ser retroactiva; de poco sirven unas instalaciones de película, si el mobiliario se queda a medio camino.

Belleza y funcionalidad
Estas dos características no sólo no están reñidas sino que su fusión es la meta en cada proyecto o idea que se traza; esta mezcla es el pienso del que ha comido nuestra sociedad de consumo actual y ahora ya no se pueden disociar. Los fabricantes buscan aumentar las prestaciones con la máxima estética y si es posible, calidad. Estos tres factores han culminado en una revolución del interiorismo que ha cambiado especialmente el panorama en los espacios de bienestar y wellness. La innovación en este terreno ha permitido proporcionar sensaciones. Basta pensar en la evolución de una simple ducha: ha pasado a ser un rudimentario mecanismo por el que una llave difícilmente regulable activaba la caída de agua de una cebolleta, hasta los sofisticados sistemas que ofrece el mercado de hoy en día que proporcionan sensaciones de relajación y estimulación insospechadas, como las duchas de vapor que incorporan todo tipo de detalles; empezando por los materiales de construcción (mosaico, piedra natural, gres cerámico) hasta acabados como bandejas iluminadas, pantallas táctiles o asientos abatibles. Incluso las prestaciones (en la ducha de vapor el usuario puede escoger entre una lluvia tropical o una ducha ártica, puede liberar voluntariamente una fragancia…) y funciones (la ducha con manguera persigue la relajación muscular y la activación de la circulación sanguínea, mientras que la ducha Vichy se aconseja para tratamientos exfoliantes que eliminan las impurezas de la piel) hacen pensar que se trata de un objeto completamente distinto. El mobiliario no tiene nada que envidiar a los demás elementos estructurales. Bancos, taquillas, percheros… sus características ideales están claras: han de ser funcionales, fáciles de mantener, duraderos, seguros y por supuesto, estéticos. No hay nada más incómodo que no tener dónde colgar una toalla o dónde sentarse para calzarse. Son situaciones que lamentablemente se dan en muchos centros. Y también en estos productos hay una gama que se adapta a todo tipo de presupuestos, necesidades, objetivos, etc.

Prolongación de la identidad
Los vestuarios son parte de la imagen de tu centro. Quizás la parte en la que la imagen es más importante. Desde estilos orientales a más minimalistas, líneas modernistas, colores pop… hay tantos estilos y diseños como gustos, y precios como presupuestos. Los vestuarios de tu centro han de ser un espacio en el que el usuario se sienta a gusto. Procura que tengan personalidad y que se mantengan cuidados, y sé inflexible en ello.