Entrenamientos para discapacitados

Una demanda por satisfacer

El siglo XX supuso la profesionalización de clubes y deportistas y la generalización del deporte entre la población. El XXI va a ser, sin duda, el del deporte adaptado. Las personas con discapacidad están reclamando y consiguiendo las mismas posibilidades de practicar y competir que el resto de la sociedad, incluso en el terreno profesional. Cada vez son más y van a más. Lo han demostrado los juegos paraolímpicos de Pekín, llenando hasta la bandera las gradas de los estadios en todas las competiciones. En España hay 3.847.000 personas con discapacidad, un 8,6% de la población. Unos 300.000 practican deporte y compiten regularmente y las federaciones engloban a más de 500 clubes. A estos hay que sumar las cada vez más numerosas asociaciones privadas surgidas a iniciativa de grupos de deportistas que incluso organizan competiciones de alto nivel, como es el caso de Kemen, un club privado íntegramente para discapacitados que organiza de la Behovia–San Sebastián o los asturianos Cosa Nuesa. A pesar de todos estos logros, Federaciones, entrenadores y deportistas manifiestan su deseo de poder entrenar en los gimnasios privados. El presidente de la Federación Madrileña de Deporte para Discapacitados, Antonio Hernanz y el Seleccionador Nacional de Halterofilia Adaptada, Lodario Ramón, coinciden en afirmar que “el deporte para discapacitados es un filón por explotar para los gimnasios privados”. Basta con derribar las barreras, explican, tanto las urbanísticas como las sociales que aún persisten. Fernando Mitxelena, de la Asociación Kemen, comenta que algunos gimnasios les han llamado para pedirles consejo y adaptar sus instalaciones. Los 120 socios del club tienen a su disposición un pequeño gimnasio privado, con alguna máquina adaptada. Mitxelena explica que es muy útil para la gente accidentada, para que no tenga que ir de golpe a un gimnasio público, ya que todo discapacitado tarda un tiempo en asumir su nueva imagen. No obstante, “el objetivo y el deseo de todos es poder acudir a un gimnasio exactamente igual que los demás, pero aún falta un largo camino por recorrer”.

Abrir la puerta

Un escalón o un pasillo demasiado estrecho entre los aparatos puede impedir el paso de una silla de ruedas; las barras que sobresalen de las máquinas suponen un peligro para personas invidentes. No obstante, con voluntad se puede conseguir un gimnasio accesible para todos. Por ejemplo: una cinta adhesiva de alto contraste marcando los pasillos y los salientes de las máquinas permitirá a una persona con dificultades de visión practicar los ejercicios con seguridad. La reforma de las instalaciones es una buena oportunidad para integrar en el proyecto algunas normas de accesibilidad. Las Federaciones de Deporte Discapacitado o instituciones como la Fundación ONCE brindan el asesoramiento de forma desinteresada. Respecto a las máquinas, existen algunos modelos adaptados para determinadas minusvalías, pero por lo general no es necesario. “Yo entreno a parapléjicos y cuadraplégicos para los que hemos adaptado no las máquinas, sino los ejercicios y los desarrollan exactamente igual que cualquier otra persona”, afirma el Seleccionador Nacional de Halterofilia Adaptada, Lodario Ramón. “Mientras puedan acceder a un gimnasio con su silla de ruedas, la gran mayoría de discapacitados puede trabajar casi en cualquier máquina perfectamente”.

Mentalidad y conciencia

Entrenar a una persona con discapacidad no difiere mucho desde el punto de vista técnico de cualquier entrenamiento común. Más que la preparación técnica, lo imprescindible es aprender a ponerse en el lugar del discapacitado y eso sólo lo puede enseñar la experiencia. Así le ocurrió a José Luis Vaquero, director técnico de natación de la Federación Española de Deportes para Ciegos. Cuenta cómo una niña invidente, sujeta a la escalerilla de la piscina, le llamaba por su nombre e inmediatamente se sumergía en el agua. “Estaba jugando al escondite; no sabía que el agua es transparente, porque siempre le habían dicho que es azul”, recuerda. Esa anécdota le enseñó que todo aquello que nos parece obvio quizá no lo sea tanto. “¿Cómo explicas a un invidente qué es nadar a croll? Enseñar y perfeccionar la técnica es más laborioso pero también enriquece mucho más al monitor. Es imprescindible ponerse en su piel para poder transmitirle lo que no ve”, explica.

Carencias y necesidades

Cada discapacidad, especialmente si surge en la infancia, produce carencias en el desarrollo y tanto la actividad física como el entrenamiento deportivo deben diseñarse para superarlas. Por ejemplo, el síndrome de Down se caracteriza por una hipotonía muscular generalizada, laxitud de la musculatura abdominal y mayor probabilidad de sufrir cardiopatías o enfermedades del tracto digestivo. Los niños ciegos suelen presentar un bajo tono muscular porque, desde pequeños, han tenido miedo a moverse, para no dañarse contra posibles obstáculos. Es imposible establecer un único tipo de rutina para una discapacidad concreta. No sólo cuenta la discapacidad, sino también su grado e incluso el entorno social y cultural del discapacitado. Por ejemplo, no es lo mismo una parálisis cerebral leve que una severa o una amputación parcial de un miembro que haber nacido sin ese miembro… En las discapacidades intelectuales el deporte se orienta mucho más a la potenciación de la motricidad, la confianza y el trabajo en equipo que a la competición. Los expertos destacan que cualquier entrenador ha de tener siempre en cuenta las características generales de la discapacidad y conocer en qué grado y aspectos han afectado al desarrollo de la persona. Solo así podrá establecerse un entrenamiento adecuado y beneficioso que potencie las cualidades de la persona y confianza para desenvolverse mejor en la vida diaria. La práctica deportiva aporta incontables beneficios a la persona ya que mejora su calidad de vida y especialmente la del minusválido funcional, al tener su movilidad reducida. A nivel psicológico, contribuye a aumentar la autoestima y facilita la integración social, al crear lazos de compañerismo y solidaridad. De este modo, permite satisfacer necesidades básicas de crecimiento físico, emocional y social. Las Federaciones tienen como objetivo la integración de los discapacitados en la sociedad a través de la práctica deportiva, en este caso con nivel de élite. Sin embargo su objetivo a largo plazo es llegar a desaparecer, por no ser necesaria, una vez los deportistas minusválidos se encuentren integrados en las distintas federaciones deportivas con los no minusválidos.

Forja de campeones

El deporte sirve en un principio como herramienta de superación, pero con el tiempo se puede convertir en un medio y un modo de vida. Teresa Perales, nadadora parapléjica, ha igualado las 16 medallas olímpicas de la atleta burgalesa Purificación Santamarta y ha establecido el actual récord del mundo en 50 metros clase S5 en 35”88. Teresa ha sido diputada en las Cortes de Aragón y su futuro deportivo es uno de los más prometedores de España. Más conocido es el caso de Javier Ochoa, ciclista del equipo Kelme y ganador de una etapa del Tour de Francia. Fue atropellado por un coche mientras entrenaba junto a su hermano Ricardo, que murió en el acto. Javier pasó más de dos meses en coma sufriendo parálisis cerebral y los médicos dudaban si volvería andar. No solo volvió a andar, sino que se subió de nuevo a la bici, volvió a competir y ha ganado multitud de medallas para España en los campeonatos mundiales y las olimpiadas de Atenas y Pekín. Preparar a un deportista discapacitado es una de las experiencias más constructivas que puede haber para un entrenador. Su espíritu de lucha y superación nos contagiará y nos demostrará que no hay límite ni barrera que el esfuerzo no pueda superar. Como dijo Thomas Alva Edison: “Quienes afirman que es imposible, no deberían molestar a quienes lo estamos intentando”.

Discapacidades intelectuales

El deporte en las personas con deficiencias intelectuales no se orienta a la competición, sino a un mayor control del propio cuerpo y a la autonomía personal. De hecho, para ellos hay una competición distinta a las paraolimpiadas: los Special Olympics y en las competiciones nacionales puede participar quien quiera, ya que no se exige ninguna marca. Es posible entrenar a una persona con discapacidad intelectual con rutinas de máquinas de gimnasio, pero hay que tener en cuenta estas características generales:

- Siempre consultar antes con su médico: la discapacidad intelectual muy a menudo tiene patologías asociadas, por ejemplo, las cardiopatías en el Síndrome de Down.

- La función básica del deporte será fomentar la motricidad y la autoconfianza.

- Rutina: por su dificultad para aprender, disfrutan con la repetición de rutinas simples.

- Instrucciones: se les ha de transmitir de una en una y de la forma más sencilla posible. Cuando han aprendido la primera, pasar a la siguiente. Ellos marcan el ritmo.

- El juego es importante en su aprendizaje. Su rutina debe incluir ejercicios lúdicos.

- No suelen mantener los esfuerzos máximos mucho tiempo porque no resisten bien la tensión emocional que conlleva.

- Su concepto de la competitividad es muy diferente: por ejemplo, una persona gana con autoridad una semifinal y, al haber quedado satisfecho, puede no esforzarse en la final y llegar el último.

- Estar siempre atento a las sensaciones que nos transmite la persona. ¿Disfruta? ¿Se cansa demasiado? ¿Se aburre o muestra desinterés?

José Ángel Alonso es profesor de Educación Física del Colegio de Educación Especial Niño Jesús del Remedio, en Madrid. Nos ofrece un modelo de ejercicio de calentamiento. Calentar bien es muy importante, especialmente para el Síndrome de Down, ya que sus cuerpos suelen tener una gran elasticidad y son más propensos a las lesiones. Por esta razón el trabajo se centra en las articulaciones:

- Tobillos: movimientos en círculo, alternativamente el derecho e izquierdo. - Rodillas: adelante y atrás y después abriendo y cerrando.

- Cadera: movimientos circulares, flexiones laterales y giros de cintura con las rodillas flexionadas.

- Codos: flexionarlos adelante y atrás.

- Hombros: movimientos circulares alternando adelante y atrás.

- Muñecas: giros y flexiones.

- Cuello: giros y flexiones suaves.

- Estiramientos: estáticos sencillos.

- Juego: algún ejercicio sencillo y divertido que complete el calentamiento. La duración será de unos 10-15 minutos aproximadamente.