
Equilibrio emocional y físico
El yoga tiene múltiples beneficios sobre la salud, tanto a un nivel físico como emocional y espiritual. Esta práctica milenaria es toda una filosofía de vida para muchas personas que la practican. Calmar la mente y alcanzar una relajación profunda puede lograrse con una respiración controlada. Es muy importante la respiración que además de oxigenar el cerebro, aumenta la capacidad pulmonar y el poder de concentración. Para pacientes de cáncer acabar con las obsesiones que acarrea la enfermedad puede ser todo un logro alcanzable con esta técnica que logra, que tanto el cuerpo como la mente, descanse.
Según la literatura científica, el yoga puede tener cierta eficacia en el control de ciertas enfermedades como la hipertensión y la diabetes, pero en pacientes con cáncer apenas se había probado su papel. Sin embargo, y a medida que se va controlando la enfermedad, la adaptación al proceso y la calidad de vida del paciente van siendo áreas prioritarias en la oncología. El ejercicio físico suave y concretamente el yoga es un tipo de ejercicio con efectos beneficiosos en la salud emocional y la calidad de vida de los pacientes con cáncer.
Buenos augurios
La literatura científica publicada en prestigiosas revistas especializadas han analizado los beneficios del yoga en pacientes con cáncer, especialmente en mujeres con cáncer de mama tanto en la fase de tratamiento como posteriormente, cuando la mujer ha superado su enfermedad. En el trabajo realizado por la Escuela de Medicina de la Universidad de Wake Forest en EEUU y publicado en la revista Psycho-Oncology, un grupo de mujeres con cáncer de mama realizaron un programa de diez semanas con sesiones de 75 minutos de yoga restaurativo, una forma más pasiva y suave de yoga que utiliza apoyos como cojines y mantas. Tras diez semanas de clase, las participantes mostraron mejoras considerables en áreas de salud mental como depresión, emociones positivas y espiritualidad (una sensación de tranquilidad y paz). Concretamente, se encontró que las tasas de depresión en las mujeres se reducían hasta en un 50%. Asimismo la sensación de paz y armonía interior se incrementaba en un 12%. Las participantes en el programa de yoga también señalaron tener menos fatiga que las que no lo practicaron.
Otros estudio estadounidense realizado por científicos de la Escuela de Medicina Albert Einstein de Nueva York y publicado en el Journal of Clinical Oncology demostró que una clase semanal de yoga ayudaba a las mujeres con cáncer de mama a sentirse más tranquilas. Los autores del trabajo analizaron a 128 mujeres con tumores de mama, 84 de ellas realizaron una sesión semanal de yoga. Los resultados revelaron que las que habían recibido clases de yoga experimentaron un mayor bienestar en relación a las que no practicaban yoga, aunque otros niveles como los de la salud física, irritabilidad, ansiedad, fatiga, etc. permanecieron iguales entre los dos grupos. Por otra parte, y como se esperaba, los beneficios del yoga fueron mayores entre las mujeres que respetaron las sesiones y realizaron más (una sesión semanal era lo mínimo, aunque se ofrecían hasta 3 sesiones semanales).
Por otra parte, en la XLII Reunión Anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica se presentó un estudio que sugería que el yoga podría formar parte del esquema terapéutico de las mujeres con cáncer de mama, pues tiene efectos beneficiosos, tanto física como psíquicamente, en las pacientes en tratamiento. El grupo de L. Cohen, Director del Programa de Medicina Integradora del Centro de Cáncer M.D. Anderson de la Universidad de Texas, en Houston ha desarrollado un programa de yoga específico para mujeres con cáncer de mama consistente en ejercicios de respiración y estiramiento, y enseñanza y práctica de siete posturas de relajación y meditación. Para analizar su eficacia lo probaron en treinta mujeres que estaban siendo tratadas con radioterapia y que nunca antes lo habían practicado. Todas asistieron a dos clases de yoga por semana mientras duró su tratamiento. Al mismo tiempo, otras 30 que actuaron como grupo control, no participaron en ninguna actividad. La edad media del grupo fue de 52 años, el 48% de las 60 pacientes habían tenido una cirugía conservadora de la mama y el 75% habían recibido quimioterapia. Tan sólo una semana después del inicio del tratamiento, las que practicaban yoga ya empezaron a sentirse mejor físicamente, a estar menos fatigadas, a tener más vida social y a no experimentar episodios de somnolencia diurna. Una vez terminado el tratamiento radioterápico, y con él las clases de yoga, se evaluaron distintos aspectos del bienestar. Las que practicaron yoga dijeron sentirse mejor física y socialmente y tener una percepción de su estado de salud más positiva que la de los controles. No obstante, no se encontró que el yoga tuviera un efecto positivo sobre la depresión o en la ansiedad, otras dos áreas de la calidad de vida que se evaluaron durante el seguimiento de las pacientes.
Finalmente, en un reciente estudio con mujeres supervivientes de cáncer de mama se evaluaron los beneficios de un programa semanal compuesto por 7 sesiones de 75 minutos de duración de yoga terapéutico/reparador. Influenciado por la tradición Iyengar del yoga y por los estudios de kinesiología, las posturas del yoga se modifican para las personas que tienen dificultades de movilidad, rigidez, enfermedad o intenso estrés. Los resultados mostraron un importante beneficio físico pero también una mejor calidad de vida, especialmente a nivel emocional en las mujeres participantes.
El yoga reparador
Los estudios disponibles apuestan por terapias como el yoga reparador de cara a disminuir el estrés, mejorar el estado de ánimo, la calidad de vida y otros síntomas como la fatiga relacionados con el tratamiento en pacientes con cáncer. Esta disciplina milenaria mejora la capacidad física de los pacientes y les anima mientras siguen su tratamiento oncológico. El yoga reparador es un tipo de yoga suave similar a otros tipos de yoga, en el que se desplaza la columna vertebral en todas direcciones, pero de una forma más pasiva y suave. Los movimientos se dulcifican y hay posturas que el monitor cambiará por otras y que incluso al paciente les será más beneficioso. Se utilizan objetos como cojines, refuerzos y mantas que proporcionan apoyo físico para la relajación total con un mínimo de esfuerzo físico y para que los participantes puedan poner en marcha la clase con más facilidad.
Es importante que las pacientes hablen con su médico antes de iniciar cualquier programa de ejercicio físico. Si tenemos un paciente en nuestras clases es necesario que tengamos en cuenta su problema, especialmente si está en tratamiento, por los posibles síntomas y efectos secundarios que pueden aparecer como consecuencia del tratamiento. Las mujeres con cáncer de mama suelen tener problemas en el brazo o en el hombro que podrían agravarse con algunos ejercicios. Dados los altos niveles de estrés y ansiedad ante los que se encuentra un paciente con cáncer, la oportunidad de experimentar sentimientos de estabilidad emocional, mejor autoestima y armonía interior a través de la práctica del yoga pueden aportar un beneficio significativo que sólo desemboca en bienestar.