Supernutrientes

El poder de la dieta

Para una dieta equilibrada la clave está en la variedad y la sinergia entre las distintas substancias alimentarias beneficiosas para el organismo. Porque el objetivo no es sólo vivir más tiempo, sino gozar de buena salud.

Las enfermedades crónicas como la hipertensión, la patología cardiovascular, la diabetes, el cáncer y la osteoporosis pueden afectar la calidad de vida y la influencia que la nutrición ejerce sobre el desarrollo de estas dolencias resulta más que evidente.

Para obtener la “fuente de la juventud” es vital realizar una alimentación lo más saludable posible y evitar las deficiencias nutricionales más comunes en la tercera edad; la vitaminas B6 y B12, el ácido fólico, vitamina C, la vitamina D y el calcio. Entre otros motivos, el paso de los años supone una peor asimilación de nutrientes esenciales, como por ejemplo, la disminución de la capacidad de sintetizar la vitamina D en la piel imprescindible para asimilar el calcio y la capacidad intestinal de absorber los nutrientes. Por tanto, no  basta con aportar los nutrientes que nos faltan, sino potenciar, las sustancias que se les atribuyen propiedades beneficiosas, como los famosos omega-3, los probióticos, los prebióticos, la fibra, la vitamina D y  los potentes antioxidantes.

Las vitaminas y  minerales, sólo son la punta del iceberg de la nutrición; en cada mordisco de una fresa o un tomate, aportamos importantísimos "fitonutrientes", que nos aportan aun más salud y bienestar, sustancias “antiagiang”.

Tus alimentos, tu medicamento

No hay ningún alimento que sea la panacea de la nutrición, la clave es la variedad y la sinergia entre las distintas substancias beneficiosas y aportar una alimentación variada. Si es necesario se puede optar a suplementos de calidad siempre recomendados por un especialista en nutrición.

Pero siempre cumplir el mensaje que las sociedades científicas de nutrición nos aconsejan: tomar una gran variedad de frutas y hortalizas. Lo que sí está demostrado científicamente es que una dieta ligeramente hipocalórica y rica en alimentos de origen vegetal, baja en grasas trans nos ayudará a obtener nuestro mayor grado de salud.

Frutas, hortalizas, frutos secos, semillas, bayas, legumbres, pescado azul, especias, té y cereales integrales, han demostrado ayudar a prevenir, sin lugar a dudas, buena parte de las enfermedades crónicas asociadas al deterioro que se produce en nuestro organismo con el paso de los años.

Hipócrates ya nos lo decía: “Deja que tus alimentos sean tu medicamento”. Si es así, ¿porqué envejecemos y qué papel tiene la alimentación saludable? La teoría más sólida sobre el envejecimiento y el desarrollo de muchas enfermedades crónicas y degenerativas, como el cáncer, la enfermedad coronaria, el Alzheimer y el Parkinson, es el estrés oxidativo. Las especies reactivas del oxígeno, los radicales libres, dañan a las proteínas, las grasas y el material genético.

A pesar de que el cuerpo humano ha desarrollado sistemas específicos de autodefensa para eliminar a estas sustancias peligrosas, estos a veces no son suficientes para luchar contra la oxidación celular y menos en edades avanzadas. La alimentación rica en hortalizas y frutas tiene un papel fundamental, se considera como una gran ayuda en la lucha contra los radicales libres, ya que algunos de sus nutrientes y fitoquímicos son potentes antioxidantes.

El US Department of Agriculture ha publicado en los últimos años que los antioxidantes más potentes son: la vitamina C, la vitamina E, el selenio y algunos carotenoides, como el licopeno, los flavonoides y antocianianos.

Las principales conclusiones observadas hasta la fecha de la Investigación Prospectiva Europea sobre Cáncer y Nutrición (EPIC), el mayor estudio epidemiológico en el ámbito europeo que ha investigado las relaciones entre la dieta, el estado nutricional, el estilo de vida, factores ambientales y la incidencia de cáncer y otras enfermedades crónicas; nos concluye afirmando que la dieta preventiva debe atender a cuatro recomendaciones alimentarias básicas:

  • Más fibra. 
  •  Más pescado.
  • Menos carne roja y procesada.
  • Evitar el consumo de alcohol, si hay riesgo de cáncer.

Otros factores que no hay que descuidar para evitar esta enfermedad son la obesidad y la escasa actividad física.

La dieta más saludable del mundo

Para concluir y dar un mensaje final; si tuviéramos que elegir un patrón alimentario, que cumpliera con todo lo descrito anteriormente, sería la famosa “Dieta Mediterránea” una de las más saludables del mundo.  Múltiples estudios demuestran sus beneficios en el ámbito de la prevención de enfermedades cardiovasculares, diabetes y síndrome metabólico. Se caracteriza por:

  •  La abundancia de alimentos vegetales como cereales (sobre todo integrales), verduras, hortalizas, legumbres, frutas y frutos secos. 
  •  El empleo de aceite de oliva como fuente principal de grasa. 
  •  Un buen consumo de pescado. 
  •  El  moderado consumo de aves de corral, productos lácteos (yogur, ciertos quesos) y huevos. 
  •  El consumo escaso de carnes rojas y derivados. 
  •  Es pobre en ácidos grasos saturados y trans, y rica en monoinsaturados, así como en carbohidratos complejos y fibra. 
  • También es muy rica en antioxidantes.

Seguramente por todos estos motivos a finales de 2010, la UNESCO declaró a la Dieta Mediterránea como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

 

Mireia Porta, nutricionista de Tecno Sport.